De mi vida en barco

No sé ni por dónde empezar. Los que me conocéis sabéis que no tengo el don de abreviar, que no sé resumir, que no tengo mirada crítica para sacar fotos y elegir momentos y que, tras muchas horas, esto es todo lo que he podido reducir mi selección de momentos. Desde junio de 2017 hasta abril de 2018. 10 meses que han pasado en un suspiro que empezó en una vida pasada.
Un viaje a Roma. Un barco nuevo. Un día antes de mi treintena. Nervios y emoción. Gente ya conocida; miles de almas perdidas. La ilusión de una reunión inminente que no llegaría hasta mucho después. El Mediterráneo. Encontrar mi adolescencia en una sauna de la mano de Venezuela y Argentina; Argentina, che, ‘¿quién me lo diría?’ y sin embargo te amo sin precedentes, Camila Sapia. Volver a reír como ya estaba en el olvido. Histeria y llamadas despertador a las 5.30 am. Simon. Recorridos enérgicamente sonámbulos por Islas Griegas, (donde los filósofos prácticos ahora son gatos) a todo correr, ya que a la felicidad no debe uno hacerla esperar. Un niño sirio tocando un acordeón de juguete en el viento de Miconos.
Reencuentros mágicos Simone-Michelle Haggland. Nunca pensé que conocería y amaría tanto a tu hermano Caleb Haggland.
Soltar mi freno de mano, saltando cuesta a bajo a velocidades de vuelo, pasando burros y rompiendo récords. Una vuelta en moto por Creta a lo kamikaze. Nuestra amiga la medusa sigilosa agonizante, en la playa de los peces muertos en Messina, y el grito que aún se escucha, seguido de la mirada del niño que a día de hoy sigue volteándose traumatizado. Una grabación de vídeo en Niza después de un muy añorado y corto viaje en tren. Vino en la playa de rocas. Nápoles sucia y majestuosa, con banda sonora de Gnarls Barkley. Gordon. Noches de música en altavoces y voces bajas. Las estrellas a nuestro alcance. Open deck. Que se levante el sol en medio de una conversación entre dos mentes que quieren ser corazones. Hablamos del racismo. Kennen. Talento, injusticia, alcohol, impotencia, lágrimas de rabia y pocas horas de sueño. Una pizza frita con una cerveza, un inglés y un americano, en una plaza de Napoles. David Kirkwood. Un desayuno sin fiesta previa en Ibiza. Un coche de alquiler y recorrer toda la isla. Otro coche en Rodas, y un picnic en la playa. Una Barcelona calurosa, con sus ramblas llenas de vida; con sus ramblas llenas de muerte, conmoción y compasión. Un llanto hecho abrazo, en encuentro con mi hermana… uno que le debía hacía ya demasiado. Clau. Un botellón en la noche de la Barceloneta; una vuelta al puerto con parada de improvisación callejera. La familia que viene a bordo. Mi primer y único paquete recibido a bordo. Andrés. Un almuerzo muy emotivo, Michael. Todo ello seguido de las mejores noticias. ¡Os veo pronto! Mi primer soliloquio en el teatro romano, en una Cartagena por suerte desconocida para el mundo. Una madre y su hijo me visitan para traerme lágrimas de felicidad de repuesto, que aún queda camino y me van a hacer falta. Resulta ser mi mejor amiga con (con tu permiso… y sin él) nuestro pequeño. Monyk. Más vino en Civitavechia, padres que se suben al barco. Un sin fin de emociones bonitas viéndolos disfrutar, y saberte cómplice. Compañeros que derrochan cariño con ellos. Beber en las fuentes del Trastevere. Pasajeros que nos hacen sentir en salas de conciertos. Nuestra ansiada y adorada fiesta del té. Berta. Canapés y cappuccinos hondureños. Broken Strings con un cast increíble. Joe (to name one). La Spezia, trenes que desafían las leyes de los aforos máximos. Más vino y grabaciones. Y como yo no nací en el Mediterráneo, llegó esa ola que me enseñó del respeto y de los límites, y en vez de quitarme la vida, me la devolvió con fuerza, bautizándome de una vez por todas. Ahora pertenezco a los dos; un Atlántico me vio crecer y un Mediterráneo me dió una segunda oportunidad y me permitió crecer un poco más. No hay que desaprovecharlo. Los gritos como salvavidas de Kate. El mejor médico paseando por allí en su día libre. Chequeo. Jeeten. THANK you. Tapping. Risas en la ambulancia. Vuelta al barco en silla de ruedas. Chequeo a bordo, Chequeo en Barcelona. Esguince y fractura. Llamada a casa. Recogida en Gibraltar. Llegada a Cádiz. Olor a sal. Un mes sin saber si voy a poder verlo en Noviembre. Vuelvo a Roma. Moneda en Fontana de Trevi. Volveré. Cruce del Atlántico por mar. De Tenerife a Fort Lauderdale. Ganándole tiempo al tiempo. Ansiado reencuentro en cuanto llegue a EEUU. Un whatsapp ‘me han cambiado de barco’. Más sal en mis ojos que en el océano. Ya no puedo más. Tierra a la vista. Él no está. Amigas que te dan el abrazo que tanto necesitas. Valentina y Berta. La reacción de Berta en su primera vez en paisaje centroamericano. What’s going on in Sushi on Five? I ordered a ramen bowl for the first time. I know my hamstrings were happy, Gemma. Tu humor absurdo. Encontrarlas a ellas. Poner color, luz y olor a García Márquez en las calles de Cartagena. Arepas, ¡por fin! Gran expectación y grandes expectativas. Colombia de noche. Rumores como de la Caleta. La ciudad de Panamá. La nueva y la vieja. Pasear por una versión caribeña y más joven de Cádiz. De nuevo, porque ya pasó una vez. Colón devastado como por una guerra milenaria. El canal de Panamá desde tierra. Bañarme y beber agua en un cenote mexicano sin que se diera cuenta de que no era virgen. Pirámides mayas, sin más, y sin menos. Árboles de otros mundos. Bosque fluvial en Costa Rica. Poderosa arquitectura natural. Un café en Colombia, un café en México y otro en Costa Rica. El Caribe que yo no conocía. Aruba español con sus aguacates como cocos, Bonaire y Klein Bonaire, Curaçao y la mujer que me guardó la nota. Un puente barco que no siempre lleva al mismo sitio. Un training, ahora soy parte del equipo de cuidadores. Algo habrá que devolver. Pequeños malentendidos Gemma, Valentina y Berta. Llevamos ya mucho tiempo a bordo.
El Caribe que yo ya conocía pero ahora con tirolina en vez de playa en Sant Lucia. Una piscina infinita con cóctel en St. Kitts, con mi concierge especial privado. Jack. Fiestas de marketing para Park West. Tickets de rifa, grapadoras, risas, absurdeces, sobres y cartas. Las cenas en el dinning room. Nuestras veladas en Murano, Berta. A veces sólo queso. Nuestros domingos de bolo y luego Tuscan.
Desayunar con una enhorabuena por recibir premio a ‘mejor empleada del mes’, incredulidad y llanto de emoción. Que te nomine un alma tan grande como la de Augusto es, sin duda, la mejor parte. Gracias amigo, no me diste un premio, me devolviste todo el amor y la ilusión por sorpresa. Nunca olvidaré ese momento. Navidad con una hermosa e internacional familia prestada. Regalos debajo del árbol. Demasiados regalos. Espíritu navideño a 30 grados. Drydock. Bahamas. Paraíso desierto. Aquel restaurante griego. Vuelta a bordo. Los baños de las suites. Una despedida con lágrimas, cartas de colores y muchos globos. Ni lo habría soñado. Gracias, amigas. Mi nuevo contrato en Infinity, aquel que iba a ser, luego no fue, finalmente si era, pero en el aeropuerto me mandaron para España justo antes de que mi jefe me llamara y me mandaran a Buenos Aires via Panamá. Todo por una visa que igualmente no necesitaba. Nuevo contrato. Sólo llevo 7 meses y medio menos una baja médica. Ahora 2 meses y medio más. Infinity. Nuevo viejo compañero. Juank. Antártida. ¿Pero en el polo sur hace frío? Privilegio de color blanco. Ballenas, nieve y pingüinos. Agua de seda metálica. Nuevos encuentros y reencuentros. Entrada en mi nueva cabina. 1332. Sonrisa, abrazo y felicidad. Ashley. ‘El oso come pescado. Y sopa. El gato es un idiota’. Yo estaré en tu top 3, pero tú has sido sin duda mi mejor compañera de cuarto. Charlas mientras tú dormías o intentabas dormir. Mi respiración fuerte cuando frustrabas mi verborrea. Mi falta absoluta de energía junto con mi deseo imparable de conocer, viajar y fascinarme. El carnaval de Río. O, como dirá Gordon, mi turismo en Río. El sambódromo; la misma música en repeat durante 45 minutos. De Copacabana y cómo casi matan a un hombre con los puños encima mío mientras duermo en la playa. Olas grandes. Después de Italia tengo más respeto al agua. Por eso mismo me adentro, no hay que dejarse vencer ante el miedo. Un tour por 20 dólares. Gracias a Alexander. El Cristo de Corcovado. Selfie, por supuesto. El hombre sin piernas que baila con más swing que nadie en la entrada del chiringuito de Copacabana. Observa desde fuera, baila, nadie se fija en él. Cuando está contento, se va. Y a mí me deja en lágrimas. Volvemos al río de la Plata. En Punta del Este salí con una sirena. Vasiliki. Mi hermana, gemela, sister from another mister, y mi clon. No podemos ser más iguales y más únicas a la vez. Y fuimos a ver una mano gigante… Por supuesto, tenía que ser contigo. Volveremos y le haremos un gran anillo, ¿vale? Montevideo es ciudad para vivir. Luz y Energía. Abrazo inmenso con Eloki. Cerveza, risas torpes y luy sinceras y vuelta al barco corriendo y con la energía recargada para siempre. Segunda vueltaa Montevideo es Marta y el Art Deco. Y Claudio fugaz, en coche y en 10 minutos. Y una promesa de que no vuelvan a pasar 11 años.
Casa de Fede. Gotita, nada que decirte. Te llevo conmigo en todos los cuartos en los que he vivido y tú no lo sabes. Carrera contra Montevideo en bicicleta para comprar Tangos antiguos. Y cómics de Mafalda. En Buenos Aires estabas tú de nuevo, y me llevaste a lo más íntimo de tu casa. Aprendí vuestro himno al violín, lloraron con piratas del Caribe, tu padre cantó, tu abuela escuchó muy fuerte y tu madre me sobrecogió con su loca ternura. Me fui del Río de la Plata con más familias de las que están permitidas. Una subida en gran compañía al lago esmeralda en Ushuaia, con entrada de pies en el agua glaciar… Para que no quede. Pingüinos en las Islas Malvinas. Y delfines. Muchos delfines saltando alto y bailando. Y muchas fotos con Kate. Segunda ronda antártica. Ahora ya nos conocemos, y nos regala un arco iris, perfecta expresión física del sentimiento agridulce. Sólo que este es más pequeño y es completo. Claro, así recordamos que no nos queda mucho más mundo si seguimos hacia abajo. Ya subimos.
El cruce del Cabo de Hornos. Chile sur, Chile Norte y Perú. Excursión, de nuevo en gran compañía, por Lima. Las catacumbas con sus 35.000 cadáveres acogiéndonos calurosamente. Ese patio con azulejos de Sevilla. Murales y techos con madera traída de Nicaragua. Ciudad de Reyes. No es para menos. Reencuentros inolvidables. Gracias Paredes Juan JoseDanisra, ¿qué te digo? Espero que no vuelvan a pasar 8 años hasta la próxima vez. Es como si no hubiera pasado el tiempo. Cena peruana y Lima de noche con un guía de lujo. Así se va a los sitios. ‘Ten cuidado’ me dijeron. ‘no hace falta, ya me cuidan’. Gracias. En Montevideo lloré all irme, sin sospechar que aún me quedaba una visita más. Pero en Lima lloré al llegar, aún sabiendo que volveré (Dios mediante). Ya va siendo hora de volver a casa. El cuerpo lo empieza a notar, el alma lo pide, la cabeza lo necesita. De todas formas soy feliz. Todo empezó con Sumer. Ella es la gran culpable de mis sonrisas de oreja a oreja. He entrado en un clan, un bonito coro dominicano. Me dieron a probar mamajuana. Gran perdición (quiero la receta). Me enseñaron cómo se hacen las cabin parties, me dieron risas y calor. Y esas joyas robadas, verdes y exquisitas, que me ofreciste para alimentar el amor, y para acompañar el arroz. Bailamos todas las más bonitas bachatas. Joselito Juan Carlos, Carlos, Joel, Jonathan…esa confesión de tu dolor de esta y muchas vidas pasadas. No quisiste que llorara contigo, pero yo te desafié. Y el abrazo que no pediste, porque tanto necesitabas, y te lo impuse. Y,, por supuesto, las niñas Sofi, Tasha, Leslie, Míriam, bocanadas de aire fresco… ¡nos vemos en Dominicana! No diré más.
Llegamos a Manta, Ecuador. Me tomé un café. Cruzamos el ecuador; por segunda vez en mi vida. Ya queda menos para verte. Ahora se vislumbra la Ciudad de Panamá. Ya estuvimos, pero ahora no paramos. Vamos hacia el canal, al antiguo. Ya lo habíamos visto, pero ahora lo cruzamos. Del Pacífico al Mar Caribe. De oeste a este. Vamos a Gran Cayman. Vamos en una excursión a ver Manta rayas. Aguas de un azul imposible. Estamos muy lejos de la costa, en un banco de arena. Se hace pie. Las mantarrayas van y vienen a su antojo. El guía las atrapa y te las pone encima. Miedo. ‘Estás tensa, relájate’ Suavidad extrema. Paz. Son dóciles e inteligentes.
Vuelvo a coger otra en mis brazos. La tengo cerca del pecho. Vuelven a caer lágrimas. Es hora de ir a casa.

Despedida. 6.30am. Estamos en Fort Lauderdale. Infinity, Summit y Reflection. Salgo del dock #4 ‘Tiene que esperar el shuttle para el aeropuerto aquí’ ‘No se preocupe, voy en taxi’. Taxi al dock #29. Reflection de nuevo. Anticipación. Hoy no es detrás de una pantalla. Hoy se rompe la espera que se ha convertido en nuestro refugio. Aunque sólo sea por unas horas. De 10 a 14h. 4 horas para contarnos las 3 ó 4 vidas transcurridas durante este tiempo, más de un año…más de un año en el que nos hemos elegido virtualmente todos los días. Pero esa historia es para otro momento, ya que no ha hecho más que empezar (and because ‘We still have time’).
14.30 taxi – aeropuerto. 17h Miami – Madrid.
11h Madrid – Cádiz. Fin de trayecto. No olvide recoger su equipaje.

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